RELACIONES ENTRE CONTROL SOCIAL Y ESTRATEGIA REPRESIVA
Estudio histórico y actual del proceso en Euskal Herria
9-3.- LA MANIPULACIÓN MEDIATICA Y EL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO:
La manipulación propagandística se realiza siguiendo diversas técnicas que ya fueron estudiadas por especialistas militares hace siglos y que posteriormente, en la guerra mundial de 1914-18, adquirió forma teórica con las aportaciones inestimables de especialistas burgueses en comercialización, marketing de venta y estudios de mercado. Decimos esto porque otra vez vemos la necesidad de demostrar las internas conexiones del sistema represivo, y de sus subsistemas, con la economía dominante. Los llamados "medios de comunicación", además de ser una industria específica dentro del capitalismo, son también instrumentos en manos de los poderes político-militares para la aplicación de la teoría manipuladora. Esta doble función, es decir, ser un negocio que rinde beneficios a una fracción de la burguesía y por extensión a toda esta clase de sanguijuelas, y a la vez ser un instrumento del poder, no es contradictoria sino dialécticamente complementaria, y explica la extrema importancia que tiene para el capitalismo en general este negocio e instrumento, y para sus fracciones internas y diversos partidos burgueses, el control mayoritario de más o menos empresas mediáticas.
Cuando, para colmo, ese poder industrial-manipulador pertenece por origen de clase y cuna estatal a un poder opresor de pueblos, entonces se cierra el círculo de intereses y se convierte en una máquina vital en el mantenimiento de la ocupación nacional. Así, se fusionan en un solo bloque los beneficios económicos, políticos, nacionales, etc., que esa industria manipuladora aporta a la fracción burguesa que la posee e intenta monopolizar. No hace falta recurrir a los típicos ejemplos de periódicos como El Mundo o El País, a determinadas cadenas radiofónicas y/o televisivas para comprenderlo, pues lo que aquí nos interesa a nosotros es el papel de esta industria especial como subsistema imprescindible en el sistema represivo. Y hemos explicado lo anterior para conocer las conexiones estructurales existentes entre las diversas fracciones del poder y el sistema represivo. Es verdad que entre los partidos políticos existen discrepancias secundarias y que cada bloque político intenta poseer sus medios propagandísticos, pero lo decisivo es que esos partidos políticos están supeditados a la economía y política capitalista, y cuando esta está en peligro o en crisis, desaparecen esas discrepancias, muy especialmente cuando la crisis proviene del peligro de independización de un pueblo oprimido al que expolian cuantiosas riquezas materiales y simbólicas. Una vez que hemos llegado a la quintaesencia del problema comprendemos la extrema importancia que tiene la manipulación propagandística.
Todos los sistemas represivos habidos desde la UCD hasta ahora han prestado una atención muy precisa a la manipulación propagandística, que ha aumentado en desesperación según fracasa su superioridad cuantitativa masiva. Muy brevemente expuesta esta evolución, tres son sus características básicas además de otras secundarias que no podemos exponer. Una, la clara exclusión reductora del euskara en la prensa estatalistas, tendencia represiva que muestra tanto el odio antieuskaldun como la inquietud por el fracaso manifiesto cosechado al impedir la legitimación de nuestro complejo lingüístico-cultural. Dos, el aumento de la beligerancia más descarada primero antiabertzale y ahora antivasca a lo largo de los años, de modo que ya no hay apenas diferencia entre el insulto racista contra todo lo vasco y la noticia manipuladora que se impone, y tres, el estrechamiento de las relaciones entre el subsistema propagandístico y el resto de subsistemas, para poder realizar mejor las tareas encomendadas. Las tres características son importantes para el tema que tratamos, pero sólo podemos estudiar en detalle la última porque las dos primeras son tan simples de entender que las damos por obvias y confirmadas por los hechos. La tercera es más compleja por cuanto hace intervenir a diferentes realidades y niveles, algunos de los cuales ya los hemos expuesto aquí. Sin embargo, lo básico de dicha complejidad es el sistema represivo vigente.
En general, la función de la propaganda con respecto a los otros subsistemas represivos --control social, vigilancia y represión policial-- es la de ayudar en todo lo necesario a su legitimación pero también la de servir de vocero público de las directrices que elaboran los diversos poderes y el poder estatal como centralizador estratégico. En el subsistema del control social, la prensa es una pieza básica en, por ejemplo, el mantenimiento de la alienación de la mujer y del reforzamiento de la familia patriarco-burguesa, y también refuerza el sistema educativo y mantiene una presión constante sobre el comportamiento de la juventud, dictando formas de comportamiento a los poderes familiares. Resulta extremadamente fácil citar múltiples ejemplos que muestren cómo la prensa interviene diariamente en todos y cada uno de los bloques diferentes que forman el control social. Pero lo que ahora nos interesa son dos cosas, una, saber cómo extrae esa industria tan especial e importante muchas informaciones necesarias para luego realizar su trabajo y, otra, saber qué ordenes recibe del sistema represivo y cómo las cumple en el control social. Dicho con otras palabras, la prensa también extrae información de la vida de la gente y después de trabajarla en sus despachos, la devuelve a la cotidianeidad pero según las directrices marcadas por el sistema represivo y, también, según los intereses particulares de la fracción burguesa propietaria de ese medio de propaganda particular.
Aunque es cierto que todavía existen periodistas que se patean las calles y los suburbios populares en busca de noticias y datos con los que realizar sus reportajes, en la actualidad y por la misma dinámica de la industria en la que trabajan, los datos los obtienen generalmente de los informes que les llegan de las instituciones o de grandes corporaciones transnacionales, y cuando la deben buscar ellos mismos lo hacen en las instituciones que elaboran esos datos, y apenas mediante el contacto personal. Solamente en la prensa más sensacionalista, amarilla y ramplona se busca el contacto con la "gente famosa", o, por ejemplo, con familiares de accidentados, muertos en peleas de cualquier tipo, es decir, con quienes pueden personalizar el mensaje de caos, desorden, miedo e incertidumbre que la propaganda quiere dar. Especial atención dedica a la victimización política españolista, magnificándola con sensiblerismos espectaculares, descontextualizándola y vaciándola de todo contenido histórico. Nada de esto es casual ni fortuito, y aunque la espectacularización descontextualizada del sufrimiento humano es una práctica creciente en toda la industria mediática por los altos beneficios que rinde, aquí también corresponde a las directrices del sistema represivo.
En efecto, la multiplicación de imágenes sobre desastres, accidentes, catástrofes, muertes violentas, etc., rinde beneficios económicos a la industria de la manipulación porque atrae a la gente alienada y ocupa tiempo de emisión a menos costo que los programas culturales; pero también produce beneficios ideológicos y políticos consistentes en el reforzamiento de la dependencia hacia la autoridad como efecto del aumento de la sensación de inseguridad y peligro, y la consiguiente necesidad de un poder protector incluso aunque restrinja algunos derechos colectivos. No insistimos en esta segunda parte ya demostrada por estudios críticos desde la aparición del nazi-fascismo, y anteriormente por la crítica psicoanalítica de la religión. Pues bien, el actual sistema represivo ha llevado al máximo, en el contexto actual, el uso de estas tácticas. Ya en 1992, con el PSOE-PNV, tuvimos una demostración del empleo coordinado entre todos los medios propagandísticos de una supuesta "victoria" sobre ETA, las detenciones de Bidart, y desde entonces se intensificó su abuso hasta llegar a las retransmisiones en directo de manifestaciones fascistas y reaccionarias realizadas por órdenes del PP. Desde verano de 1999 el bombardeo llega a las cotas de mitificación del "líder español" --Aznar-- hasta grados similares a los de Franco y muy superiores a los que se le rindió a F. González.
Varios miles de funcionarios francoespañoles y regionalistas, o trabajadores en instituciones públicas y privadas que tienen que ver con el subsistema de vigilancia selectiva, se siente consciente o inconscientemente apoyados por el líder, aunque no sean del PP o incluso sean del PSOE, o de nada. Sabemos que el PSOE está muy preocupado por los votos que puede perder al irse al PP y a su líder quienes no se sienten reconfortados por el españolismo más blando y menos decididamente antivasco, por ahora, de su partido. La reafirmación siquiera inconsciente que esas personas sienten se traslada tarde o temprano a su trabajo de modo que aumenta la efectividad de las vigilancias y sobre toda su orientación política imperialista. Este segundo factor es tan importante o más que el primero porque ayuda al objetivo de extender el acoso no sólo a la izquierda abertzale sino también a quienes no apoyan directamente la reconquista. Ocurre que si bien los sistemas represivos pueden mejorarse en un determinado tiempo, como hemos visto, las fuerzas que las han de aplicar necesitan más tiempo, y las gentes que el sistema represivo quiere movilizar en las nuevas directrices pero que no trabajan directamente en esos aparatos, esas gentes necesitan de bastante más tiempo para mentalizarse que deben dar pasos en comportamientos que nunca habían considerado. Recordemos aquí que con el PSOE no se llegó a tanto pese a que se avanzaba en esa línea, y que su partido gobernaba junto al PNV. En Nafarroa la cosa ha sido más fácil porque el PSOE ha mantenido desde siempre una abierta práctica antieuskaldun tanto en el gobierno como en la "oposición".
Pero la incidencia de la manipulación propagandística sobre la vigilancia es más seria aún porque la prensa también actúa como juez que decide si tal o cual institución ayuda a la reconquista. La prensa dominante vigila con lupa el comportamiento de todas las vigilancias denunciándolas si no cumplen con las órdenes. Muchos concejales, alcaldes, responsables de instituciones y organismos de todo tipo, saben que son objeto de una permanente observación, y que cualquier error o negligencia por involuntaria que sea es inmediatamente analizado y sin conviene divulgarlo tras la tergiversación adecuada, no tarda en ser objeto de denuncia demagógica sin apenas posibilidad de respuesta. Resulta difícil que pase un solo día sin una "denuncia" de esta clase, y eso que no analizamos aquí y ahora la beligerancia de la prensa contra la izquierda abertzale, contra los militantes del movimiento popular, etc., que son objeto permanente del vituperio y de la mentira. Vemos así que la prensa no sólo manipula sino que actúa también como un poder controlador y vigilante de otros controles y vigilancias. La razón es una aunque adquiere varias formas. En esencia, la razón es que se trata de una industria político-económica vital para el imperialismo español, y sus formas de expresión son tantas como los objetivos concretos a los que atiende. La unidad de intereses políticos y económicos de defensa del Estado, la industria de la manipulación extiende su mercado alienador a toda la realidad vasca, desde el deporte hasta cualquier cosa por pequeña que fuere. Todo lo vigila y controla porque de todo quiere sacar beneficio político-económico al servicio del Estado y también de la fracción burguesa propietaria de la industria concreta --Grupo Prisa, Grupo El Correo, etc.,-- y de los partidos políticos relacionados con esa fracción.
La industria político-mediática tiene pues "intereses totales" en la defensa del estatalismo. Este punto es decisivo porque destruye cualquier mito sobre la "responsabilidad democrática" de la prensa, etc. Nada de eso. La prensa es una peculiar y única industria que tiene intereses totales, intereses económicos, políticos e imperialistas francoespañoles en Euskal Herria. De hecho, históricamente esa industria ha crecido a la par del expansionismo de sus Estados, y ha sido decisiva en la recuperación del orden capitalista en su interior y de las opresiones nacionales que ejerce dentro y fuera de sus fronteras "oficiales". A lo largo de este proceso es imposible separar más allá del necesario análisis la estrecha fusión político-económica dentro de una esencial identidad nacionalista con su clase burguesa. Semejante realidad ya ha sido analizada extensamente en otros textos y no merece ahora la pena incidir sobre ella. Pero sí conviene decir que es precisamente la unidad político-económica de la industria mediática la que explica sus relaciones con el subsistema represivo.
La relación entre periodistas y policías es tan vieja y constante como viejos son ambos grupos. Más aún, todas las fuerzas represivas y ejércitos opresores han dispuesto de gente especialmente preparada en la legitimación de sus tropelías, o en su ocultación y negación, o en su ensalzamiento si hiciera falta. Pero no acaban aquí las obligaciones de esos gabinetes sino que también se encargan de preparar y lanzar rumores, falsedades, mentiras, exageraciones y alarmismos artificiales destinados a provocar condiciones que exijan golpes represivos y hasta contrarrevoluciones militares, nazi-fascistas o de otro tipo. Sin lugar a dudas, esta relación es una de las más ocultadas conscientemente por ambos colectivos pero, a la vez, una de las más denunciadas desde las fuerzas democráticas y revolucionarias. Todos hemos oído hablar de los famosos "fondos de reptiles" que son los dineros reservados a los periodistas para que digan lo que se les encargan. En el caso de la industria político-mediática y del sistema represivo no hay que hablar tanto de "fondo de reptiles", que también, cuanto de "gabinete de propaganda" o como quiera llamársele. Este segundo calificativo tiene ventajas teóricas innegables sobre el primero porque indica que ambos se fusionan en un único espacio de elaboración y decisión estratégica dado que, en la represión y en la guerra, la propaganda en una arma tan decisiva como cualquier otra, y más decisiva aún cuando la guerra psicológica es un componente decisivo en la estrategia.
La diferencia introducida por el sistema represivo actual del PP en lo relacionado con el subsistema de la manipulación propagandística viene ni más ni menos que de los cambios en la guerra psicológica. Ya hemos hablado de la retransmisión televisiva en directo de manifestaciones y actos de masas fascistas y/o regionalistas, con la copia fiel realizada por EITB y el PNV. Pero la guerra psicológica va más allá de la mera imagen de masas, necesaria en sí misma para excitar el irracionalismo colectivo, pues también se plasma en las exigencias tiránicas de detenciones con nombres y apellidos de las víctimas a sacrificar en el altar del Estado, de cierre de medios de prensa crítica y libre, de ilegalización de organizaciones voluntarias y movimientos populares, etc. O sea, la industria político-manipuladora se presenta también como señalizadora de la víctima a machacar, y legitimadora de su machaque. Sin embargo, también va más lejos porque es uno de los instrumentos más efectivos en el desprestigio diario de toda reivindicación democrática y deseo de existencia nacional. Es una fuerza que ridiculiza, trivializa y se ríe con altanería de la identidad euskaldun en cualquiera de sus formas expresivas. Y en las condiciones en las que malvive un pueblo negado de los elementales instrumentos de cohesión nacional, ese desprestigio diario de su identidad es una táctica racista de guerra psicológica destinada a impedir la autoestima colectiva. Un pueblo que pierde su autoestima, está derrotado.
9.4.- LA REPRESION POLICIAL Y EL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO:
Si hay algo en permanente adaptación a las nuevas exigencias, eso es el sistema represivo. No es verdad que no exista eso que se llama "inteligencia militar". Creerlo así es cometer uno de los peores errores que la izquierda pueda imaginar. De hecho, históricamente, la "inteligencia militar" ha sido una de las más avanzadas instituciones en la práctica del pensamiento racional y ello por simples causas de interés explotador y opresor, o interés democrático y defensivo ante la opresión. Solamente la ignorancia suicida y engreída puede afirmar lo contrario. Decimos esto porque si el sistema represivo se adapta a los cambios, también lo hace el subsistema policial interno. Ahora mismo estamos asistiendo a otra mejora en la represión como parte de la mejora del sistema represivo. Se trata, de nuevo, de un proceso doble ya que, por un lado, ese cambio se está viviendo en todo el capitalismo debido al agotamiento de la represión policial anterior, la que había surgido para contener las luchas de la fase taylor-fordista del imperialismo capitalista. En la medida en que esta fase entró en crisis, también lo hicieron los sujetos viejos --uno de los cuales, aunque no el único, era el famoso "obrero masa"-- y con ellos sus formas de lucha. Se trató de un proceso de casi dos décadas pues para comienzos de la década de 1990 ya aparecieron los primeros síntomas de nuevas luchas, y con ellos, los síntomas de envejecimiento de la anterior represión policial. Toda la década de los noventa es la de desarrollo de nuevas policías para reprimir la nueva oleada de luchas que azota al capitalismo, y cuyas innovaciones más llamativas hemos citado arriba.
Por otro lado, simultáneo a este cambio, en Euskal Herria se estaban produciendo los cambios que ya hemos visto y que exigían las transformaciones sucesivas en los sistemas represivos, y de su cambio por otros nuevos. En este sentido, el nuevo sistema represivo del PP aporta poco excepto dos cosas, una, la total legitimación de la impunidad represiva, y otra, la agilización de la dialéctica entre la represión judicial y la represión policial. Verdad es que el PSOE y la UCD, también el PNV con la Ertzaintza, habían dado pasos en las dos, y recordemos por ejemplo al tristemente famoso juez Bueren que adelantó el grueso de lo que más tarde haría el juez Garzón, pero lo característico del PP en este caso es la totalidad definidora, es decir, el hecho de que ahora el ensamblaje es total, mejor incluso que el logrado cuando el PSOE unificó en un único ministerio a jueces y policías. Insistimos en que la innovación cualitativa introducida por el PP se demuestra en la orientación estratégica total del sistema represivo en su conjunto, y no en los cambios parciales en tal o cual subsistemas. El hecho de que el PSOE ya iniciara el camino unificador entre represión judicial y represión policial al ponerlo a las órdenes de Belloch, sólo indica que ese partido ya era consciente de la necesidad de esos y otros pasos. Sin embargo, también hay que decir que quedan aún algunas instancias del aparato judicial que se niegan a ser reducidas a simples fuerzas jurídico-policiales, pero se trata de disputas internas al aparato del Estado ocupante.
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